La caseta de bombas del Dique de Gamazo: ¿centro de interpretación o cafetería?

Hace unas semanas comenzaron las obras de rehabilitación de la caseta de bombas del Dique de Gamazo que transformarán este edificio industrial (uno de los pocos que se han respetado en la remodelación del frente marítimo de Santander) en un centro de interpretación que ayude a comprender el funcionamiento del viejo dique.

El Diario Montañés publicó recientemente un reportaje, acompañado de una amplia galería fotográfica en su página web, en el que se daba a conocer en líneas generales el proyecto firmado por el arquitecto Luis Castillo.

Leído el reportaje y vistas las imágenes, uno siente que hay algo que no encaja en este proyecto, aunque por otra parte tampoco se extraña viendo el escaso respeto que ha merecido el patrimonio industrial de Santander en el proceso de transformación de su fachada marítima. ¿Qué nuevo uso se pretende dar a la caseta de bombas? ¿Un centro de interpretación o una cafetería?

Dado que no disponemos del proyecto museográfico nos hemos de guiar por la información ofrecida por el periódico santanderino.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la caseta está incluida en la declaración del Dique de Gamazo como Bien de Interés Cultural, por lo que hay una clara limitación en cuanto a la intervención que se puede realizar en el edificio. De ahí, que algunos de los elementos que actualmente se están restaurando, como el puente-grúa o las cerchas de madera, serán repuestos en su lugar original. De la misma manera que en el exterior se deben mantener las losas de piedra del paseo, también protegidas. No obstante, como sabemos desde hace meses, parte de la verja será modificada y se abrirán dos tramos para facilitar la entrada al recinto.

De la propia denominación del edificio (caseta de bombas) se infiere que nos encontramos con un edificio industrial de dimensiones reducidas, aunque son bastante apropiadas para un centro de interpretación como se pretendía (o se divulgaba) originalmente. Sus 210 metros cuadrados se distribuyen en dos niveles de similares dimensiones: el del nivel de la calle y uno inferior en donde se encuentran las dos bombas. Por otra parte, los numerosos vanos de sus fachadas reducen la superficie para colocar las fotografías, paneles explicativos, etc. que debe incluir un centro de este tipo, pero que puede ser suficiente, pese al abundante material disponible en el archivo de la Autoridad Portuaria.

Sin embargo, en el reportaje de El Diario Montañés hay algunos detalles que nos llevan a pensar que en realidad el edificio va a ser transformado en un establecimiento de hostelería más que en un recinto museístico.

En un espacio reducido como el de la caseta de bombas se antoja muy complicada la convivencia entre una cafetería y un centro de interpretación. Para conseguirlo se ha optado por una solución descabellada: enterrar las bombas bajo un suelo de cristal, de manera que el visitante no podrá bajar al recinto de las bombas y se deberá conformar con verlas desde la planta superior. Parece que lo único que se consigue con esta intervención es ganar superficie útil para los enseres de la cafetería (cocina, barra, sillas, mesas…) y no para los materiales necesarios para una mejor interpretación del Dique de Gamazo. Naturalmente si introduces estos cachivaches en el edificio, no cabe el viejo transformador que se utilizaba en sus últimos años de actividad, pese a que la Autoridad Portuaria aún lo conserva.

En unos meses sabremos si esta hipótesis es correcta o por el contrario la cafetería será un complemento del centro de interpretación.

Estado de las obras en la caseta de bombas, a 5 de febrero de 2014

Estado de las obras en la caseta de bombas, a 5 de febrero de 2014

http://www.eldiariomontanes.es/20140202/local/santander/caseta-bombas-dique-gamazo-201402020844.HTML

02.02.14 – 08:44 – Gonzalo Sellers |Santander

Ahora no es más que un esqueleto de ladrillo con cuatro paredes. Sin tejado y desgastado por tres décadas de abandono, es complicado imaginarse cómo la caseta de bombas de Gamazo puede llegar a convertirse en la guinda de un proyecto de reurbanización que convertirá esta zona, inútil y sin uso durante años, en un espacio de paseo y ocio tras el Mundial de Vela. Pero esa utopía es real en los planos del arquitecto Luis Castillo, el encargado de dar forma al proyecto del Puerto de Santander.

La caseta de bombas, protegida como Bien de Interés Cultural (BIC), se convertirá en un centro de interpretación con cafetería incorporada. Los visitantes podrán pasear por el entorno del dique seco, cruzar por encima de la puerta –ahora en restauración– y entrar a la caseta. Allí se encontrarán con 210 metros cuadrados aprovechados al centímetro. Se instalará una cocina para el bar, una barra y mesas y sillas. Las paredes servirán como una guía visual para conocer cómo se reparaban allí los barcos, gracias a paneles, murales y fotografías antiguas que se repartirán por toda la sala. Pero la instalación estrella será el suelo de cristal que permitirá ver las dos bombas de achique, de hierro fundido y cerca de dos toneladas de peso, que desde comienzos del siglo XX se utilizaron para secar el dique cuando entraba una embarcación.

Para verano

La transformación del inmueble no se puede demorar. Todo tendrá que estar terminado antes del próximo mes de agosto, cuando lleguen a Santander los centenares de deportistas que se jueguen, además del campeonato internacional, un puesto en las Olimpiadas de Brasil.

La caseta de bombas existe desde la construcción del dique seco de Gamazo, en 1908. Cuando un barco llegaba para ser reparado, debía esperar a una pleamar importante para poder entrar al ‘foso’. Entonces, se abrían las puertas y la nave se apoyaba en las denominadas ‘camas’. En ese momento entraban en funcionamiento las dos bombas de hierro fundido y al menos dos toneladas de peso, que vaciaban el agua del dique y la devolvían al mar para que las reparaciones en el casco de la embarcación pudiesen realizarse en seco.

Durante las primeras décadas del siglo pasado, estas bombas se movían con vapor. Dos grandes calderas ocupaban gran parte del suelo donde en el futuro irán las mesas y sillas para tomar café mirando a la bahía. La combustión del carbón se expulsaba por una chimenea que fue derribada en la década de los 50, cuando la energía eléctrica empezó a mover las bombas y se volvió inservible. La Autoridad Portuaria todavía conserva el transformador que usó Astilleros del Cantábrico –última empresa privada que utilizó el dique para reparar barcos– hasta 1982, cuando cesó su actividad y la caseta de bombas se vio abocada a un abandono que ha durado 32 años.

Ese transformador no se expondrá en el centro de interpretación debido a su volumen, pero aún pueden verse en las paredes los viejos cuadros eléctricos que se utilizaban en aquellos años. Y, junto a ellos, en la planta baja del edificio, las dos grandes bombas de achique bien conservadas. «Si pones una luz débil de bombilla esto es como una película de Visconti. Tiene el encanto de un escenario de ‘Muerte en Venecia’», imagina el director de Infraestructuras del Puerto, José Luis Zatarain.

Primero, el tejado

El temporal sufrido estas Navidades no ha ayudado a acelerar el calendario de la obra, como reconoce Zatarain, pero la restauración del edificio, representativa de la arquitectura industrial inglesa, ya ha comenzado. El primer paso ha sido sanear el suelo con forjados sanitarios y hormigón. Las paredes exteriores están en contacto con el terreno natural, por lo que es muy importante aislar el interior de filtraciones de agua.

La segunda etapa fue el tejado. Se desmontaron las tejas –muchas de ellas con denominación de origen de Trascueto– y también toda la instalación de madera, que será restaurada, limpiada y pintada para que los visitantes puedan contemplar la estructura original. También se mantendrá uno de los elementos más singulares del edificio: un puente-grúa que se deslizaba por el techo para mover la maquinaria pesada con un gancho. Esa pieza también se reformará y se volverá a colocar como una pieza más del centro de interpretación.

De los ventanales ya se ha retirado toda la madera «vieja y en mal estado», según Zatarain, y las paredes interiores se arreglarán y pintarán para dejarlas lisas. Sin embargo, el exterior de ladrillo vista apenas se tocará. No se puede al estar protegido por ley y porque el proyecto quiere respetar al máximo el carácter del edificio tal y como se construyó a comienzos del siglo pasado.

«Hay que poner las cosas lo más parecido posible a como estaban. No hay que inventar nada», señala Castillo, a quien sólo se le viene a la cabeza un dique de piedra similar al de Santander en toda España. El de Cartagena. Fuera del país sí hay más. «En Portsmouth tienen cinco juntos que siguen en uso para reparar barcos militares», explica.

Mientras la caseta de bombas prepara su particular mutación en el interior, en el exterior ya se han dado pasos importantes en el proyecto de reforma urbana. Por ejemplo, el barco-puerta que permitía la entrada y salida de agua al foso desde hacía 28 años ya no frena las mareas. Dos remolcadores del Puerto trasladaron el pasado mes de octubre esa mole de acero de 260 toneladas y 9 metros de altura para poder rehabilitarla.

Se le cambiarán las chapas, se pintará de nuevo y se limpiará la cubierta para reciclarla como atractivo turístico cuando regrese a un Gamazo muy distinto del actual. Tras una inversión de 1,1 millones de euros, los escombros y matojos que ocupaban el solar dejarán paso a un nuevo parque abierto a la ciudad. Una actuación que enlazará la duna escalonada y la instalación de la explanada para varar barcos.

Restauración de la valla

El proyecto global incluye la semipeatonalización de un tramo de la carretera situada frente a la cara Sur del Palacio de Festivales, la instalación de zonas verdes y el cambio de las losas de hormigón del suelo, además de la rehabilitación del vaso del dique. Toda la acera, hasta llegar a la Escuela de Náutica, será nueva. Se ensanchará gracias a la reubicación de aparcamientos reservados en el parking principal y se repararán las losas de caliza protegidas por ley. El asfalto también desaparecerá de ese espacio.

La valla del perímetro que separa la ciudad del Puerto será restaurada, tanto la piedra como el hierro, y se abrirán dos tramos de la verja, que harán las veces de puertas para poder entrar al recinto donde está el dique.

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